Kostalera no se deja

Nuestro gozo en un pozo. Bueno, a medias. No hubo Kostalera, pero sí La Plana y Joar, que también estaban en el punto de mira.

El pasado mes de Abril, en un día de perros en el que era mejor no arriesgar más de la cuenta, nos fuimos a la sierra de Kodés. La trepada final al Kostalera no es que sea complicada, pero con roca resbaladiza tiene su aquel. Nos quedaban 12 metritos de nada y decidimos darnos la vuelta, que el día no estaba para tonterías y de ahí no se va a mover.

Así que seguimos por todo el cordal (una chulada, en seco tiene que ser muy pero que muy disfrutón) y nos plantamos en el puerto de Nazar para coronar la cima más emblemática de la sierra de Kodés, el Joar, pasando antes por su fiel consejero, La Plana.

Una ruta físicamente exigente, la subida por el barranco de La Dormida es bastante empinada. Muy bonita sí, pero empinada. Aún así, la travesía es una gozada y con buen tiempo no te quiero ni contar. La bajada, hacia el Santuario de Kodés, una maravilla.

Lo mejor de todo es que la tendremos que volver a visitar, porque Kostalera se nos ha quedado entre los dientes y hay que ir a por el palillo, que es de esos “restos” que molestan después de un buen chuletón.

Que mal ¿no?

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